Cuando las
metas no son asequibles para todos, si existe éxito uno tiende a continuar
esforzándose, pero si el resultado es la vergüenza y las recriminaciones a uno
mismo, nadie quiere seguir.
La mayor
parte de los estudiantes no sólo no comprenden que el fracaso es una parte
importante de la solución del problema, sino que en la mente de los niños/as se
forma la idea de que pedir ayuda implica de modo táctico ser estúpido (Graham y
Barker, 1990).
Las recompensas
competitivas si las proporcionamos de forma adecuada, en número suficiente,
incitaremos a los estudiantes pasivos.
Recompensar
innecesariamente (exceso de justificación) por hacer algo que ya gusta
(motivado intrínsecamente) puede debilitar el interés por la tarea.
Cuando se
ofrece a los estudiantes recompensas por su buena conducta y su buen trabajo
escolar, se vuelven oportunistas e intentan conseguir el máximo de recompensa
con el mínimo esfuerzo (Principio del mini-maxi).
La clave
para motivar de forma adecuada a los alumnos/as, depende de proporcionar a cada
uno una instrucción que nos sea muy fácil ni muy difícil. Implica fomentar
creencias sobre la capacidad que capaciten a los estudiantes, no que los limite
de forma indebida.
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